miércoles, 21 de marzo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
Y LA VIDA DE MADRE ¿QUE?
El presidente chileno Sebastián Piñera
ratificó su rechazo a legalizar el aborto terapéutico en Chile, ya que dijo ser
“partidario de proteger la vida y la dignidad humana”, en una columna escrita
por el mandatario y que publicó este domingo el diario El Mercurio.
“Como todo el país sabe, soy contrario a la
legalización del aborto”, escribió el mandatario sobre su negativa a legitimar
esta práctica médica, postura que manifestó cuando era candidato a la
presidencia y que ha mantenido firmemente durante su gestión gubernamental.
“Soy partidario de proteger la vida y la dignidad
humana desde su concepción hasta la muerte natural. Y, por lo mismo, soy
también contrario a la eutanasia y la pena de muerte”, agregó Piñera, en esta,
su primera columna periodística desde que asumió la presidencia en marzo de
2010.
Piñera explicó que su postura se basa en que el
aborto es ilegal en Chile, y además esgrimió motivos “prácticos” que lo llevan
a “optar siempre por la vida”, y “religiosos” ya que “como cristiano, creo en
la vida como un don de Dios. Sólo él tiene el poder para dar la vida y el
derecho de quitarla”.
MONICA PEREZ
Pese a ello, según contó la
periodista, la obligaron a estar cinco semanas más con él en su vientre y con
la pena que ello conlleva. “Soy una mujer de recursos, podría haber ido a
cualquier país del mundo”, dijo frustrada ante la imposibilidad de haber
recurrido a un aborto terapéutico, prohibido en Chile desde el año 1989.
Pero ¿cuál es hoy la realidad de
nuestro país? ¿Cuáles son los casos en los que se debería permitir esta
alternativa? Y ¿qué hacen o pueden hacer las mujeres cuando se enfrentan a un
embarazo que no llegará a término o que pone en riesgo la vida de la madre?
Lo cierto es que en Chile, entre el
año 1931 y 1989 existió la figura del aborto terapéutico en el Código
Sanitario, pero fue derogado por la junta militar de la época. Por la condición
de procedimiento clandestino, existen estimaciones acerca de los abortos
inducidos que se realizan, con cifras que oscilan entre 120 mil a 160 mil al
año, al mismo tiempo que alrededor de 30 mil mujeres son hospitalizadas por
complicaciones derivadas del aborto inseguro.
La matrona y magíster en Salud
Pública, Verónica Schiappacasse, explica que en Chile no hay un registro de
personas que pudieran necesitar un aborto terapéutico, ya que al no realizarse
este procedimiento, es muy difícil llevar un número. Asegura que, en algunos
casos estas mujeres acuden al misopostrol –medicamento abortivo, que se vende
ilegalmente en el país- o a la opción de viajar a otro país, como Argentina o Brasil, donde sí
es legal el procedimiento y es posible hacerlo sin riesgo de vida para la
madre.
Cuenta incluso que hay servicios en
algunos países, donde a las mujeres se les lleva en un barco hasta los límites
con otras naciones, donde sí es legal el aborto terapéutico.
“Pienso que se debería restablecer
el artículo que se derogó en el cual se permitía hasta el año 1989 el aborto
terapéutico en Chile y esos casos era cuando corría riesgo la vida de la madre,
como por ejemplo en una hipertensión arterial severa. También cuando hay una
malformación congénita, que para el feto le era incompatible con la vida y al
nacer, simplemente no iba a poder vivir. Eso hoy con la ecografía se puede ver
y diagnosticar a tiempo”
GRISELLE ROJAS
EL ABORTO
TERAPÉUTICO
En el año 2003
Griselle Rojas, una joven madre de 27 años, solicitó al ministro de Salud de la
época, Osvaldo Artaza, la posibilidad de realizarse un aborto terapéutico
porque el bebé que llevaba en el vientre estaba afectado por una mola
embrionaria parcial, una enfermedad que se produce por la reproducción anormal
de las células de la placenta.
El feto venía
sin cráneo y sin pulmones lo que hacía inviable su vida fuera del vientre
materno y ponía en serio riesgo la salud de la madre. Sin embargo y, dado que
en Chile no es legal este procedimiento, la mujer debió rodar de opinión en
opinión, hasta que las autoridades decidieron, finalmente, interrumpir el
embarazo, pues la joven se encontraba en serio riesgo de vida.
En ese
momento, el presidente del Colegio Médico, Juan Luis Castro, -quien apoyó a la
mujer junto a la entidad que preside- señaló que son los médicos quienes deben
tener en sus manos las respuestas terapéuticas y no una legislación que en el
año 1989 decidió interrumpir estas intervenciones que “nada tienen que ver con
un aborto inducido pues asegura bajo todos los antecedentes científicos se
intenta salvar la vida de una mujer”.
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